La exploración es la primera etapa en el ciclo de vida de un proyecto offshore. Antes de que se instale una plataforma, se perfore un pozo o se produzca un solo barril de petróleo, se lleva a cabo un complejo proceso para identificar y evaluar la presencia de hidrocarburos bajo el lecho marino. Esta fase combina ciencia, tecnología y análisis de riesgo, y es determinante para el éxito o fracaso de una operación.
Todo comienza con estudios geológicos y geofísicos que permiten entender la estructura del subsuelo marino. Se recolectan datos sobre capas de roca, fallas, acumulaciones sedimentarias y señales que podrían indicar la presencia de petróleo o gas. Uno de los métodos más utilizados es la sísmica 3D, una técnica que consiste en emitir ondas acústicas desde embarcaciones especializadas y registrar su reflejo en las distintas capas del subsuelo. Estos datos se procesan para generar modelos tridimensionales que ayudan a ubicar zonas con potencial energético.
Una vez identificado un posible yacimiento, se analiza su viabilidad técnica y económica. Factores como la profundidad del agua, la composición del lecho marino, la distancia a la costa, las corrientes y el clima influyen en la decisión de avanzar. También se consideran aspectos ambientales, legales y regulatorios. Si los resultados son positivos, se procede a la perforación de un pozo exploratorio.
La perforación en esta etapa tiene como objetivo confirmar la presencia de hidrocarburos, conocer su calidad, volumen y presión, y entender las condiciones de la reserva. Se instalan plataformas temporales o se emplean unidades flotantes de perforación para realizar estas actividades, que pueden durar semanas o meses dependiendo de la complejidad del proyecto.
La etapa de exploración también incluye estudios de impacto ambiental y diálogo con autoridades y comunidades costeras. Todo debe cumplir con normas internacionales y requisitos de seguridad estrictos.
En la industria offshore, cada proyecto comienza con una pregunta: ¿qué hay bajo estas aguas?
La exploración es el proceso que busca la respuesta.
Y cuando la encuentra, pone en marcha una cadena que llevará esa energía, años después, hasta las manos del consumidor final.